El efecto Kuleshov prueba la importancia del montaje. Alrededor de 1918, Lev Kuleshov realiza un experimento a partir del primer plano de la cara del (famoso) actor Ivan Mozzhukhin con una expresión neutra. Muestra a un grupo de espectadores el montaje de la imágen del actor intercalada entre varias imágenes: el cadáver de una niña, un plato de sopa y una mujer en un diván. Después del visionado, los espectadores aplauden la interpretación del actor, que les ha transmitido diferentes emociones en función de las imágenes que suponían que el actor miraba: pena al ver el féretro, hambre ante el plato de sopa y deseo por la mujer.
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